Grupo Parlamentario MORENA, LXV Legislatura

Versión estenográfica de la Ceremonia Conmemorativa del Centésimo Aniversario Luctuoso de Ramón López Velarde, en el Salón de Sesiones del Senado de la República

SENADOR EDUARDO RAMÍREZ: Con este acto damos cumplimiento al acuerdo aprobado el 27 de noviembre de 2020, por el Pleno de manera unánime, a propósito del dictamen de la Comisión de Cultura, como resultado del análisis de la propuesta que presentaron los senadores Ricardo Monreal Ávila y el senador Miguel Ángel Mancera Espinosa.

Es pertinente aclarar que el dictamen aprobado determina realizar una Sesión Solemne para la develación de la referida inscripción, sin embargo la ocurrencia del actual receso legislativo no permite que la Cámara de Senadores realice una Sesión Solemne, con la finalidad de atender adecuadamente el dictamen señalado.

Por esa razón, la Mesa Directiva acordó de manera unánime organizar esta Ceremonia con la solemnidad que merece dicho acto, y así conmemorar el centésimo aniversario luctuoso del ilustre poeta zacatecano, quien falleció el 19 de junio de 1921.

Doy la bienvenida a los integrantes de la Mesa Directiva, a las vicepresidentas, a las secretarias, al secretario.

Asimismo, a los coordinadores de los Grupos Parlamentarios, al senador Ricardo Monreal Ávila, el senador Miguel Ángel Osorio Chong, el senador Dante Delgado, el senador Manuel Velasco, la senadora Geovanna del Carmen Bañuelos de la Torre, el senador Miguel Ángel Mancera, la senadora Sasil de León Villard.

De igual forma, le doy la bienvenida a la senadora Susana Harp, presidenta de la Comisión de Cultura.

Nos acompaña con su distinguida presencia, el ciudadano gobernador electo del estado de Zacatecas, David Monreal Ávila. Bienvenido, gobernador.

De igual forma, saludo la asistencia de las autoridades locales del estado de Zacatecas, de las diputadas y diputados federales electos que nos acompañan.

Agradezco a las compañeras y compañeros senadores e invitados que se encuentran conectados a esta ceremonia, por medio de la plataforma digital.

El 19 de junio se cumplieron 100 años del fallecimiento del poeta zacatecano Ramón López Velarde, quien a justo título ocupa un lugar de privilegio en la literatura mexicana.

Ramón López Velarde nació en Jerez, Zacatecas, el 15 de junio de 1888. Sufrió las consecuencias de la gesta revolucionaria, perdiendo familiares y bienes; y no sólo fue un revolucionario por su estilo modernista y sobre todo ferviente simpatizante de la causa democrática antirreeleccionista que encabezó Francisco I. Madero.

Sino que con singular valentía y arrojo, a través de sus letras evidenció y combatió a gobernadores y jefes políticos porfiristas durante la Revolución.

Fue un duro crítico de Victoriano Huerta y condenó enérgicamente el asesinato del gran senador Belisario Domínguez.

En los primeros meses de 1921, con miras a componer algo en el marco del aniversario de la Independencia, escribe su obra emblemática: “Suave Patria”.

Se concede el uso de la palabra a la senadora Susana Harp, a nombre de la Comisión de Cultura, hasta por 10 minutos.

SENADORA SUSANA HARP: Muchas gracias. Buenas tardes a todos, a todas, un gusto nuestros invitados de honor, qué bueno que están aquí, qué bueno que Zacatecas está aquí.

Hoy, nos congrega la memoria de un mexicano ilustre: Ramón López Velarde, el que ha sido calificado como El Poeta de la Patria.

José Emilio Pacheco nos cuenta que el 24 de abril de 1921, Ramón López Velarde, fechó el manuscrito de La Suave Patria precisamente dos meses antes de su muerte.

El poeta zacatecano, falleció sin saber la grandeza de su nombre y de su obra, y sin conocer más allá de su natal Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí, y la Ciudad de México.

A pesar de morir muy joven, ha sido calificado como el último poeta modernista y el más grande e importante de su generación.

Por aquella época, más de 60 mil ejemplares de la revista El Maestro, fueron distribuidos en las escuelas mexicanas con la impresión del célebre poema La Suave Patria, pero aún ahora, muchas de sus obras de igual calidad, no se conocen en profundidad.

Ramón López Velarde, concibió al territorio nacional como un pesebre para el Niño Dios y a los veneros del petróleo como un regalo del infierno.

Con ello, selló el destino del Siglo XX mexicano, esa lucha permanente entre pasado y tradición, y el cambiante futuro.

Hacer la inscripción en los muros del Recinto Legislativo de Ramón López Velarde como El Poeta de la Patria, nos dejará en la memoria esa lucha constante entre tradición y modernidad, porque Suave Patria no sólo es un poema de 153 en decasílabos; es la ética del movimiento revolucionario, la celebración del México independiente, la confrontación del campo y la Ciudad, y la advertencia sobre la asunción de una nueva etapa constructiva de la Nación.

Ramón López Velarde alza la voz para contar la epopeya de la Patria a la que califica como impecable y diamantina, no obstante que su territorio viste de percal y abalorio.

Sin dudar, sentencia a la Patria a ser siempre igual, fiel a su espejo diario para garantizar su dicha eterna.

Ramón López Velarde fallece el 19 de junio de 1921, a los 33 años de edad. Su obra fue breve pero trascendente.

Inició, en 1916, con “La Sangre Devota”; continuó, en 1919, con “Zozobra”, y culminó con “La Suave Patria”, en 1921.

Yo, en realidad, me considero un sacristán fallido; escribí el poeta hacia el final de su vida en líneas que se rescataron en su obra póstuma “El Minutero”.

Además de “El Minutero”, se editaron; editaron sus deudos; en 1923, dejó un maravilloso libro de poesía inédita: “El son del corazón”, que se publicaría en 1932.

Javier Villaurrutia, dijo, a propósito de la generación de poetas modernistas: “ninguno es más íntimo, más misterioso y secreto que Ramón López Velarde”.

La intimidad de su voz, su claroscuro misterioso y su profundo secreto, retardaron la difusión de su obra. Ya no digamos más allá de nuestras fronteras, donde se le admira poco porque se le desconoce mucho, sino dentro de nuestro propio país.

Pero ahora, aún las minorías que no lo conocen profundamente, rápidamente han concedido una admiración profunda y ciega ante este gran poeta.

La conmemoración del centenario de su aniversario luctuoso, es la ocasión oportuna para realizar este homenaje al zacatecano, en el Recinto Legislativo del Senado de la República, porque su obra constituye un ejemplo de la intensidad de vida de muchos mexicanos ilustres, quienes, como él, nos brindan un legado cultural surgido en momentos de gran intensidad de la patria.

Hagamos de este homenaje, un momento de reflexión profunda para mirarnos a nosotros mismos en este camino sin fin, que es la construcción de la patria; y seamos fieles como lo dijo el poeta, para nunca dejar de ser nosotros mismos.

Muchas gracias.

SENADOR EDUARDO RAMÍREZ: Se concede el uso de la palabra al senador Miguel Ángel Mancera Espinosa, coautor de la propuesta, hasta por 10 minutos.

SENADOR MIGUEL ÁNGEL MANCERA: Muy buenas tardes a todas y a todos.

Con su venia, Presidente.

Senador Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política.

Senadoras y senadores, coordinadoras y coordinadores de los Grupos Parlamentarios.

Compañeras, compañeros senadores:

Quiero saludar con aprecio a todas y a todos los invitados especiales que nos acompañan el día de hoy. Sean muy bienvenidas y bienvenidos al Senado de la República.

Quisiera iniciar, agradeciendo la oportunidad que se me dio de participar en este homenaje. Allá una tarde, platicando con el senador Ricardo Monreal, él me contaba de este proyecto y al platicar del proyecto, surgieron varias líneas de acción.

Así que hoy te agradezco, Ricardo, por esta oportunidad, porque la verdad es una tarea que nos llena de gusto y por supuesto de satisfacción.

Esta tarde sin duda, compañeras y compañeros, es histórica y será recordada como el día en que el Poder Legislativo de México hizo un justo homenaje a uno de los más grandes poetas de nuestro país: Ramón López Velarde.

Hoy, al inscribir el nombre del poeta en el muro de honor del Salón de Sesiones, en el marco de la conmemoración de su Centenario Luctuoso, dejamos claro el lugar que tiene la cultura y el arte en nuestro quehacer legislativo.

La obra del poeta fue definida por el dominicano Pedro Henríquez Ureña, como el mexicanismo define emoción y colores pintorescos.

Por su parte, Octavio Paz dijo: “En López Velarde aparecen dos cosas, el lenguaje coloquial y la fusión de cosmopolitismo y de provincia, del lenguaje de todos los días y por supuesto, de gran refinamiento intelectual”.

Con su nombre, evocamos todas las cosas cotidianas llenas de belleza que nos regala nuestra patria, las cuales él supo dibujar con sus versos. Recordamos los lugares que él amó, las tradiciones que siguió y el deslumbramiento por la vida y la muerte, por lo sacro y lo profano.

López Velarde es el poeta de lo maravilloso cotidiano, como diría Julio Cortázar, de las cosas cotidianas que esperan una mirada distraída que las pueda descubrir.

Es el poeta que, mientras la nación se conmovía y convulsionaba por la Revolución Mexicana; le confortaba con este verso de la Suave Patria: “Patria, te doy de tu dicha la clave, sé siempre igual, fiel a tu espejo diario”.

En otra de las estrofas de este canto a México, el poeta zacatecano elogia a Cuauhtémoc, el último tlatoani azteca y lo ensalza como el único héroe a la altura del arte.

Siguiendo esta fórmula, hoy podemos decir que con nuestra inscripción, López Velarde es un artista a la altura de nuestros héroes. De esto da cuenta un hecho, por demás revelador; en los Salones de Sesiones, tanto en la Cámara de Diputadas y Diputados, como en el Senado, de las más de 70 inscripciones de los nombres de los héroes de la Patria, así como de diversas instituciones que han cimentado el progreso del país, hay tres que hoy quiero destacar:

Sor Juana Inés de la Cruz, Netzahualcóyotl y, por supuesto, Ramón López Velarde.

No es casual que la literatura, y de manera especial la poesía, esté a la altura de los esfuerzos heroicos en nuestro país.

De esta forma, compañeras y compañeros, en nombre de mi Grupo Parlamentario, del mío propio, es un motivo de satisfacción acompañar este homenaje y participar de esta ceremonia solemne, en la que, además, inauguramos el Muro de Honor de este Recinto Legislativo.

Estoy convencido que esta ceremonia es posiblemente el mayor homenaje que el Poder Legislativo haya realizado al poeta zacatecano, sólo superado por el llevado a cabo horas después de su muerte, en el cual se declararon tres días de luto y la Tribuna Legislativa lució un moño negro.

Sin embargo, a diferencia de la conmoción que se vivió hace 100 años, por la premura, por la desaparición del poeta, este homenaje celebra su vida y celebra su obra.

Por ello, hemos querido vestir este Recinto, con los versos del poeta. De esta manera, estará también una galería abierta del Senado, que presenta la exposición “Perpetuidad de los mustios corazones”, la cual da forma a las pasiones, obsesiones y a esa Patria retratada en las estrofas de la creación de López Velarde.

De la misma manera, con el senador Ricardo Monreal, se ha coordinado una antología, que ya muchos de ustedes tienen en sus manos, que reúne 90 poemas y prosas, y que contiene dos textos imprescindibles para entender la obra del poeta, escritos por José Emilio Pacheco y por Xavier Villaurrutia.

Quiero decirles que este ha sido un trabajo de Ricardo Monreal, por supuesto, en la coordinación, pero también debo agradecer a quienes participaron en varias de estas tareas, a compañeros y compañeras de aquí del Senado de la República, porque estoy convencido que, a través de la lectura de su obra, es como podemos acrecentar la difusión y por supuesto acrecentar su leyenda.

Por lo anterior, hoy debemos hablar de que conmemoramos el centenario del tránsito a la posteridad de Ramón López Velarde. Estas letras doradas son parte de esa posteridad y de ese legado.

Su obra es nuestro testamento, y quienes le han estudiado, quienes le han publicado, quienes han difundido su obra, pero sobre todo sus lectoras, sus lectores, somos los herederos de esa riqueza y de la Patria impecable y diamantina a la que el ilustre poeta cantó.

De nuevo, muchas gracias a todas y a todos los que conforman las diferentes áreas del Senado de la República, que participaron en este homenaje.

Muchas gracias.

¡Y que viva México! ¡Y que viva Ramón López Velarde!

Muchas gracias.

SENADOR EDUARDO RAMÍREZ: Tiene el uso de la palabra el senador Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política.

SENADOR RICARDO MONREAL ÁVILA: Ciudadano Presidente.

Ciudadanos coordinadores de los grupos parlamentarios.

Ciudadanos senadores y senadoras.

Invitados especiales, encabezados por el gobernador electo de Zacatecas, David Monreal. Presidentes municipales, diputados federales, diputados locales; bienvenidos, todas y todos, incluyendo los que están por la vía digital conectados.

El día de hoy rendimos un merecido homenaje al escritor, al poeta Ramón López Velarde, gran poeta de la literatura nacional que, con cada una de sus letras dio pie a la poesía moderna contemporánea.

Fue un hombre que supo percibir, entender y expresar a través de la poesía, y también de la prosa, los acontecimientos que se vivían en el México postrevolucionario de inicio del siglo XX; que logró recoger con nitidez las costumbres, las tradiciones y los sentimientos que prevalecían en aquella época.

En efecto, Ramón López Velarde nunca salió del país, pero su poesía le ha vuelto un hombre internacional y ha dado a conocer el nombre de Zacatecas y de México, en espacios donde sólo la sensible escritura del artista, con él puede llegar.

Fue abogado. A los 20 años murió su padre, lo cual lo obligó a encargarse económicamente de su familia; desde entonces se propuso no casarse, para no contribuir a que continuase la cadena de criaturas doloridas.

Sin duda, el poeta estuvo colmado de anhelos, la libertad y la esperanza, así como el amor, siempre lo acompañaron.

A los 16 años publicó la Revista Bohemio, con la que se presentó en el mundo literario. Su religiosidad y su idealismo eran inocultables, y a los 26 años se radicó en la Ciudad de México.

Fue el poeta de la patria y del amor. Su familia, tradicionalmente católica, conservó las costumbres provincianas que tan honda huella imprimieron en su alma.

Una de sus facetas menos conocidas, quizá, es la de político. Reflexivo, incisivo en sus comentarios y preciso en sus diagnósticos.

Esta vena política, lo condujo a ser candidato a diputado suplente por Jerez, y lo acercó a los ideales del maderismo. Pero su vocación y capacidad de hombre de letras, de versos profundos, lo aparataron de la vida política y, cuando en 1916 publicó “La Sangre Devota”, su destino quedó marcado para siempre; a partir de entonces, la suya sería vida a través de la poesía.

En sus versos siempre amó a Fuensanta, la ilusión del primer amor, y esto lo hizo inmortal, y a ella también. Aunque en la realidad, su amor con Josefa de los Ríos nunca fructificó.

Octavio Paz expresa con claridad y lucidez una verdad: toda su vida López Velarde buscó el amor, no importa que no lo haya encontrado o que, como es más probable, lo haya querido siempre no encontrar; porque estaba enamorado, más que de una mujer, del amor mismo.

Por medio de la poesía, también en el libro “Zozobra”, le cantó al recuerdo de Fuensanta y al nuevo amor de Margarita, el cual en palabras que también José Emilio Pacheco describe, se trata de este poema como el más intenso y más indescifrable de la poesía mexicana.

Con esa misma pasión evocó a México en los versos de la Suave Patria, composición fechada el 24 de abril de 1921, dos meses antes de la muerte de él.

Ese poema, que se ha convertido en un texto obligado para cualquier mexicana y mexicano, fue publicado ya de manera póstuma en la Revista El Maestro, por cierto, fundada por José Vasconcelos, padre del senador Héctor Vasconcelos.

En la Suave Patria, Ramón López Velarde conmemora el primer siglo de México, del México independiente; pero también lamenta los cuatro siglos de la caída de Tenochtitlan.

Este poema narra de manera épica, la historia de México y al mismo tiempo, la entrega de un país que a pesar de sus heridas, sigue siendo territorio vivo que acoge a cada persona.

Como expresa Ramón en el poema: “Cuando nacemos nos regalan notas, después un paraíso de compotas y luego, te regalas toda entera, Suave Patria, alacena y pajarera”.

Ese es el México al que le escribió López Velarde, un país que nos regala la vida y junto con ello, la posibilidad de crecer libres, de ser mujeres y hombres en plenitud.

La Suave Patria es, sin duda, el poema más conocido del autor zacatecano, memorizado por niñas y niños, machacado en los concursos de declamación y exaltado como un objeto patriótico y de fe provinciana. Pero no es el único de los poemas y de las letras que aún siguen inspirando a las nuevas generaciones.

Nadie duda de lo impresionante de sus metáforas, del uso correcto de los adjetivos, del lenguaje exacto para describir los hechos.

Como zacatecanos, como mexicanos y como alguien que ha disfrutado su obra, es un honor estar presente en este homenaje póstumo a un hombre universal, a un hombre que cada vez que regreso a su poesía, en la bizarra capital de mi Estado, me hace rememorar o recordar ese cielo cruel y la tierra colorada que añoro.

Hoy recordamos los 100 años de la ausencia física de este poeta inolvidable, a quien le parecían insuficientes todas las lágrimas del mar para llenar la tristeza de una esperanza eterna, o quien lloraba sin saber si la causa de ello eran sus fieles difuntos o la imposibilidad del amor físico.

López Velarde entiende y comprende a plenitud que la mujer que ama le está vedada, y la amargura que siente al no lograr convivir con ella, en un día a día lo hace sentirse melancólico y permanentemente nostálgico.

A 100 años de distancia hoy, el Senado de la República, le rinde un merecido y quizá tardío homenaje.

Por voluntad unánime de sus integrantes, inauguramos un nuevo espacio en los muros del Salón de Sesiones, con la inscripción de letras doradas de la leyenda: “Ramón López Velarde: Poeta de la Patria”.

Cuando la neumonía que le arrebató la vida a los 33 años lo sorprendió, en sus últimos momentos recordó las palabras de la “Adivina”, y mirando a su madre, le dijo: “Préstame tus manos para llorar”.

Al fallecer, en efecto, a petición de un grupo de legisladores, fue enlutada la tribuna durante tres días, con el propósito de demostrar el aprecio al poeta egregio que cantó a México con cariño filial.

“Hermana, hazme llorar”.

“Fuensanta”:

“Dame todas las lágrimas del mar.

“Mis ojos están secos y sufro unas inmensas ganas de llorar”.

“Yo no sé si estoy triste por el alma de mis fieles difuntos, o porque nuestros mustios corazones no estarán en la tierra juntos”.

Es un poema extraordinario: “Hazme llorar, hermana”, y “La piedad cristiana y tu manto inconsútil, enjúgame el llanto, o los llantos con que lloré el tiempo amargo de mi vida inútil”.

“Fuensanta:

¿Tú conoces el mar?

“Dicen que es menos grande y menos hondo que el pesar.

“Yo no sé ni por qué quiero llorar:

“Será tal vez por el pesar que escondo, o tal vez por mis infinitas, mi infinita sed de amar”.

“Hazme llorar, hermana”.

Es impresionante. Les comento que en la secundaria “Benito Juárez”, donde estudié, en Fresnillo, Zacatecas, teníamos círculos de estudio y de declamación sobre la obra de López Velarde.

El Senado, en su esfuerzo editorial, ha publicado esta obra, junto con el senador Mancera, hemos seleccionado los poemas más importantes de la época de López Velarde, las primeras poesías, de 1905 a 1912, como huérfana quedará, fragmento “Un domingo en provincia” y otros poemas extraordinarios.

Luego, también, “Zozobra”, en 1919; “Hoy como nunca”, “Transmitir mi alma”, “El viejo pozo”, “Que sea para bien”, “El futuro maléfico”, o “El minutero”, otro libro extraordinario; “Mi pecado”, “Novedades de mi Patria”, “Obra maestra”.

Todo esto tratamos de compilarlo en esta modesta obra, aquí en el Senado de la República.

Por eso, agradezco a senadoras, a senadores, que estén participando de este homenaje póstumo, lo merecía; lo merecía Ramón López Velarde, y que quizá, por situaciones ideológicas, nunca se le dio el lugar que merecía.

Yo soy Lópezvelardiano, y soy liberal, y ahora me honra mucho estar en este lugar.

¡Enhorabuena!

Saludo con afecto a los presidentes municipales electos, a los diputados federales, al titular del Instituto Electoral en Zacatecas, a los senadores de Zacatecas, a todos los zacatecanos que nos están viendo por la vía digital.

Hoy es un día histórico para nuestra Patria y para Zacatecas.

¡Enhorabuena!

Muchas gracias, Presidente.

SENADOR EDUARDO RAMÍREZ: Solicito a los coordinadores de los grupos parlamentarios, nos acompañen, a los integrantes de la Mesa Directiva, para la develación de la leyenda en el muro.

Favor de permanecer en sus lugares.

(DEVELACIÓN DE LEYENDA EN EL MURO DE HONOR)

SENADOR EDUARDO RAMÍREZ: Favor de tomar asiento.

Como parte de esta Ceremonia Conmemorativa, se incluyó la declamación de un fragmento del poema Suave Patria, a cargo del distinguido poeta Hernán Bravo Varela.

Nuestro distinguido invitado se ha destacado como poeta, ensayista y traductor, y es licenciado en literatura y ciencias del lenguaje, por la Universidad del Claustro de Sor Juana; donde ha sido profesor y en cuyo programa imparte un laboratorio continuo de poesía desde 2010.

Asimismo, ha sido colaborador de diversas revistas y diarios nacionales. De igual forma, ha recibido el Premio Punto de Partida 1999; el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino, en 1999. El Premio de Literatura Letras del Bicentenario 2010, por “Historia de mi Hígado” y otros ensayos.

En consecuencia, se concede el uso de la palabra al poeta Hernán Bravo Varela.

HERNÁN BRAVO VARELA: Muchas gracias.

Quiero dedicar esta lectura a la memoria de mi padre, José Antonio Bravo González, lópezvelardiano de excepción y suavísimo patriota.

La Suave Patria. Proemio:

Yo, que sólo canté de la exquisita

partitura del íntimo decoro,

alzo hoy la voz a la mitad del foro

a la manera del tenor que imita

la gutural modulación del bajo

para cortar a la epopeya un gajo.

Navegaré por las olas civiles

con remos que no pesan, porque van

como los brazos del correo chuan

que remaba la Mancha con fusiles.

Diré con una épica sordina:

la Patria es impecable y diamantina.

Suave Patria: permite que te envuelva

en la más honda música de selva

con que me modelaste por entero

al golpe cadencioso de las hachas,

entre risas y gritos de muchachas

y pájaros de oficio carpintero.

PRIMER ACTO

Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.

El Niño Dios te escrituró un establo
y los veneros del petróleo el diablo.

Sobre tu Capital, cada hora vuela
ojerosa y pintada, en carretela;
y en tu provincia, del reloj en vela
que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.

Patria: tu mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio.

Suave Patria: tu casa todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.

Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.

¿Quién, en la noche que asusta a la rana,
no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los juegos de artificio?

Suave Patria: en tu tórrido festín
luces policromías de delfín,
y con tu pelo rubio se desposa

el alma, equilibrista chuparrosa,
y a tus dos trenzas de tabaco sabe
ofrendar aguamiel toda mi briosa
raza de bailadores de jarabe.

Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos se vacía
el santo olor de la panadería.

Cuando nacemos, nos regalas notas,
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena y pajarera.

Al triste y al feliz dices que sí,
que en tu lengua de amor prueben de ti
la picadura del ajonjolí.

¡Y tu cielo nupcial, que cuando truena
de deleites frenéticos nos llena!

Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.

Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que se fue, lo que aún no toco
y la hora actual con su vientre de coco.
Y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.

INTERMEDIO

(Cuauhtémoc)

Joven abuelo: escúchame loarte,
único héroe a la altura del arte.

Anacrónicamente, absurdamente,
a tu nopal inclínase el rosal;
al idioma del blanco, tú lo imantas
y es surtidor de católica fuente
que de responsos llena el victorial
zócalo de cenizas de tus plantas.

No como a César el rubor patricio
te cubre el rostro en medio del suplicio;
tu cabeza desnuda se nos queda,
hemisféricamente de moneda.

Moneda espiritual en que se fragua
todo lo que sufriste: la piragua
prisionera , al azoro de tus crías,
el sollozar de tus mitologías,
la Malinche, los ídolos a nado,
y por encima, haberte desatado
del pecho curvo de la emperatriz
como del pecho de una codorniz.

SEGUNDO ACTO

Suave Patria: tú vales por el río
de las virtudes de tu mujerío.
Tus hijas atraviesan como hadas,
o destilando un invisible alcohol,
vestidas con las redes de tu sol,
cruzan como botellas alambradas.

Suave Patria: te amo no cual mito,
sino por tu verdad de pan bendito;
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y la falda bajada hasta el huesito.

Inaccesible al deshonor, floreces;
creeré en ti, mientras una mexicana
en su tápalo lleve los dobleces
de la tienda, a las seis de la mañana,
y al estrenar su lujo, quede lleno
el país, del aroma del estreno.

Como la sota moza, Patria mía,
en piso de metal, vives al día,
de milagros, como la lotería.

Tu imagen, el Palacio Nacional,
con tu misma grandeza y con tu igual
estatura de niño y de dedal.

Te dará, frente al hambre y al obús,
un higo San Felipe de Jesús.

Suave Patria, vendedora de chía:
quiero raptarte en la cuaresma opaca,
sobre un garañón, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.

Tus entrañas no niegan un asilo
para el ave que el párvulo sepulta
en una caja de carretes de hilo,
y nuestra juventud, llorando, oculta
dentro de ti el cadáver hecho poma
de aves que hablan nuestro mismo idioma.

Si me ahogo en tus julios, a mí baja
desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja,
y si tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope.

Por tu balcón de palmas bendecidas
el Domingo de Ramos, yo desfilo
lleno de sombra, porque tú trepidas.

Quieren morir tu ánima y tu estilo,
cual muriéndose van las cantadoras
que en las ferias, con el bravío pecho
empitonando la camisa, han hecho
la lujuria y el ritmo de las horas.

Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
cincuenta veces es igual el AVE
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, Patria suave.

Sé igual y fiel; pupilas de abandono;
sedienta voz, la trigarante faja
en tus pechugas al vapor; y un trono
a la intemperie, cual una sonaja:
la carretera alegórica de paja.

SENADOR EDUARDO RAMÍREZ: Agradecemos la participación de nuestro distinguido invitado.

Dentro del programa de esta Ceremonia, corresponde escuchar al violinista Humberto López Sánchez y la guitarrista Alejandra Reyes Zamorano, integrantes de la Camerata Metropolitana, que interpretará una selección de música de Manuel Ponce.

Adelante.

(INTERPRETACIÓN MUSICAL)

SENADOR EDUARDO RAMÍREZ: Gracias por la hermosa interpretación que acabamos de escuchar.

Para finalizar esta ceremonia, procederemos a entonar el Himno Nacional.

Solicito a la Asamblea ponerse de pie y quienes nos siguen, por plataforma digital también.

(ENTONACIÓN DEL HIMNO NACIONAL

SENADOR EDUARDO RAMÍREZ: Favor de tomar asiento.

Agradezco, a nombre de la Mesa Directiva, a los senadores y senadoras, a los invitados especiales, a los alcaldes electos del estado de Zacatecas.

Damos por concluida nuestra Ceremonia.

Muchas gracias y muy buenas tardes a todos.