Grupo Parlamentario MORENA, LXV Legislatura

Versión estenográfica de la participación del senador Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, en la presentación del libro “Del sufragio a la paridad”, de la senadora Beatriz Paredes Rangel y la licenciada Guadalupe Gómez Maganda, organizada por el Instituto Belisario Domínguez

Beatriz Paredes Rangel y Guadalupe, Lupita Gómez Maganda, mujeres que con hechos acreditan su compromiso con la cultura de la igualdad de derechos y oportunidades.

Beatriz Paredes, compañera de muchas batallas y con quien hoy compartimos el privilegio de servir a México desde el Senado de la República, su compromiso es ineludible y también su trayectoria la distingue.

Fue la segunda mujer gobernadora en la historia de México y la primera en su estado. Presidió su partido, presidió la Cámara de Diputados. Fue dirigente campesino en el país.

Y Lupita, originaria de Guerrero, también compañera de varias generaciones de representación popular, diputada, senadora. Y, ha sido una mujer también de congruencia, como muchas de las que aquí van a participar, como es el caso de Malú, que tiene toda una vida luchando por esta, que ahora casi es una realidad: paridad, igualdad.

La misma Xóchitl Gálvez, que también se distingue, o Patricia Mercado o la doctora Nadine, que también estará aquí presentando el libro.

La obra que hoy me honro en acompañar en esta primera intervención, la leí el fin de semana. Es un pasaje histórico de la lucha de las mujeres por el sufragio, desde inicios del siglo XX hasta la fecha; a partir de la Revolución Mexicana, tiempo de salida de las mujeres del espacio privado al público, y su construcción como sujeto activo en lo social y en lo político.

El libro precisa los acontecimientos y reformas constitucionales más trascendentales de este caminar, de poco más de cien años, de cuatro generaciones, mostrando un cambio social, cultural y político que seguimos consolidando.

En 1916 hay un punto relevante en este proceso, al celebrarse el primer congreso feminista en Mérida, Yucatán, con la participación de más de 600 mujeres, en el que demandaban igualdad, educación y ciudadanía. Recordemos quién lo organizó: Hermila Galindo, para mí una mujer adelantada a su época.

Sin embargo, lamentablemente en la Constitución del 17, el derecho a votar de las mujeres no fue incluido y durante la Presidencia del General Lázaro Cárdenas, en un entorno político más plural, se fortaleció el movimiento feminista y, en 1935 fue cuando se constituyó el Frente Único Proderechos de la Mujer; su derecho a votar era una exigencia y fue reivindicado por mujeres de todas las ideologías.

Las tensiones políticas generadas entre quienes apoyaban el reconocimiento del derecho a votar de las mujeres y quienes consideraban que el voto femenino podía afectar a la República, que sí había quien lo pensaba, concluyó en la aprobación.

Pero una cosa inédita que también sucedió con las reformas en materia de asociaciones religiosas: concluyó y se aprobó, pero no se publicaron las reformas constitucionales que daban este derecho al sufragio a la mujer. Es decir, no tuvo vigencia.

Y, en la década de los 40 del siglo pasado, resurge un movimiento que promueve la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, que adquiere dimensión mundial, como lo cuenta la obra, esta obra que ahora está presentándose, al crearse la Comisión sobre la situación de la mujer, en el seno de la Organización de las Naciones Unidas en el año de 1946.

En México, en 1947, un año después de este evento, con la reforma al 115 constitucional, se establece en que las elecciones municipales deben de ser establecidas en igualdad de condiciones y donde participarían mujeres y varones.

En el 52, siendo presidente de la República Adolfo Ruiz Cortines, se reconoció la ciudadanía a varones y mujeres, y en 1953 es cuando se materializa por primera vez el derecho al voto de las mujeres mexicanas.

En diciembre del 74, del siglo pasado, cuando México sería la sede de la primera de cuatro conferencias mundiales sobre las mujeres; que se reforma el artículo cuarto de la Carta Magna para elevar a rango constitucional la igualdad entre hombres y mujeres.

Del derecho a la ciudadanía, pasamos a las cuotas, porque, hay que decirlo, hubo y hay resistencias culturales y sociales para reconocer la aportación de las mujeres a la vida pública.

Las hemos vencido ya, creo que ya están derrotadas estas viejas y arcaicas concepciones, pero primero tuvimos como medidas compensatorias transitorias, la obligación de que el 40 por ciento de las candidaturas debían ser del mismo sexo; sin embargo, fuimos testigos de que en actos de violencia política a las mujeres se les registraba como candidatas suplentes o viceversa, se registraban como propietarias y si ganaban pedían licencia y eran sustituidas por los suplentes.

O se registraban en candidaturas para diputaciones en los distritos en los que los partidos que las postulaban tenían pocas o nulas posibilidades de ganar.

Así llegamos a la reforma constitucional del 2014, en la que se incorpora el principio de paridad para legislaturas federales y locales, lo que permitió que desde el 2018, que para nosotros inicia una transición política sorprendente y extraordinaria, las cámaras de diputados y senadores se integran casi con 50-50; 49-51 o 49.5 contra 49-8 algo así, 50-50. Hecho que coloca a México como un país a la vanguardia en cuanto a la integración paritaria en el Congreso Federal.

La participación igualitaria de las mujeres más trascendentes de la vida pública, desde mi punto de vista, es el Congreso actual, en el Congreso Federal, para contribuir a conformar un orden jurídico neutro que no discrimine por razón de género, que reconozca las capacidades de las personas en forma independiente de su sexo, a partir de normas y principios constitucionales y de leyes justas; y se crean estas políticas públicas como instrumentos, además principios para juzgar con perspectiva de género, que consolidan materialmente la igualdad de derechos y de oportunidades de hombres y mujeres en espacios públicos y privados.

Como da cuenta la obra del sufragio a la paridad, con un Congreso Federal paritario y, desde luego, con la participación del Constituyente Permanente en junio del 2019, hubo una reforma constitucional que hace obligatorio el principio de paridad en las candidaturas de los partidos, de los gobiernos estatales y federales, y de los órganos autónomos.

Esto fue hace un año, en esta Legislatura precisamente, que debemos señalar con toda precisión.

Son avances construidos sí por varias generaciones, pero que se han consolidado en esta etapa; que se dieron pasos acelerados en esta etapa.

Nos falta incorporar al principio de paridad de forma completa en los poderes judiciales, estatales y en el Poder Judicial, en el Consejo de la Judicatura, en las dirigencias de los partidos y en el Servicio Exterior Mexicano, que tiene objeciones y que no ha sido fácil en esta parte y en esta materia.

Que la convergencia y concurrencia de todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso Mexicano es factible, sí, porque hemos avanzado en ello.

La igualdad es un tema que nos une; aspiramos a que la sociedad mexicana muy pronto no requiera de cuotas sino que haya de forma natural y normal, el reconocimiento pleno y paritario de los derechos de las mujeres y los hombres.

En la obra se da cuenta también de la participación de las mujeres como gobernadoras y en la Administración Pública Federal como secretarias de Estado.

Aquí destaco que el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, conformó el primer Gabinete paritario en la historia de México.

De acuerdo con el mapa de las mujeres en la política 2019, elaborado por la Unión Interparlamentaria, la integración actual del Gobierno Presidencial ubica a México en el lugar número 18, de 178 países en los que, al 1° de enero del 2019, incrementaron; incrementaron la participación de las mujeres en cargos ministeriales.

Destaco que en México las titulares de las secretarías de Estado, responsables de la seguridad interna y la seguridad pública, son mujeres, rompiendo estereotipos donde las mujeres, o donde a las mujeres se les nombraba de forma recurrente en secretarías, o de Turismo o de Desarrollo Social, y se les excluía de las tareas de seguridad.

La obra destaca la participación de hombres de ideologías políticas progresistas que en diferentes momentos de la historia apoyaron la incorporación de mujeres en responsabilidades para la toma de decisiones en el ámbito político.

Por mencionar algunos, refieren a Carrillo Puerto, en Yucatán -Felipe Carrillo Puerto-; a Rafael Nieto, en San Luis; a César Córdoba, en Chiapas; a Tomás Garrido Canabal, en Tabasco, y muchos otros.

Esto evidencia que la defensa de los derechos políticos de las mujeres avanzan cuando nos unimos hombres y mujeres. Es necesario que las políticas y los políticos hagamos un compromiso con una cultura de la igualdad.

Si bien es cierto que es una causa que socialmente se haya identificado con las mujeres, es un propósito que corresponde realizarlo a la sociedad en su conjunto.

Por definición, soy feminista. Mis hijas no me permitirían otra cosa, ni mi esposa. Estoy comprometido con la causa de las mujeres para que se erradique; se erradique la discriminación, se reconozcan y garanticen plenamente sus derechos, se modifiquen los estereotipos de género que hicieron ver; que hicieron ver normal la subordinación de la mujer al hombre, cuando no lo es.

Estoy convencido que un paso obligado para lograrlo es apoyar la educación de las mujeres en igualdad de circunstancias de los hombres. Pero lo que más requiere de apoyo, respaldo y conciencia, es el campo, el agro mexicano, que es donde más estereotipos, más discriminación, más abandono, más violencia intrafamiliar y más dificultades para la mujer, poder adquirir esta visión.

Tal y como lo visualizó Eulalia Guzmán, nacida en San Pedro Piedra Gorda, Zacatecas, maestra y arqueóloga mexicana, que señala la clave para tener un buen futuro es la educación.

Las mejores sociedades son aquellos en las que las mujeres conquistan el ejercicio pleno de sus derechos civiles, políticos y económicos. Por ello, las invito, los invito a leer la obra “Del sufragio a la paridad”. No hay duda, el siglo XXI es el siglo de las mujeres.

Muchas gracias por la invitación, estimadas Beatriz, Lupita, un saludo y un abrazo, y a todas las mujeres que participan, y hombres. A mi estimados amigo Osorio Chong, y a todos los coordinadores un abrazo.

Gracias por haber publicado este libro, por la Belisario Domínguez, el Instituto.

Saludos a todos. Buenos días.

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