Grupo Parlamentario Senado MORENA, LXIV Legislatura

Versión estenográfica del mensaje del senador Ricardo Monreal Ávila sobre lo feo, lo malo y lo bueno del 2020

Esta época de reflexión, debemos de seguir analizando con seriedad lo que fue la complejidad y la devastación del año que corre; por eso, les quiero hablar sobre lo feo, lo malo y lo bueno del 2020, y lo mejor que debemos cultivar en la próxima década debe de ser renovar de raíz el sistema de Salud pública que en México prevalece y que ha mejorado bastante estos últimos dos años.

Hace exactamente un año, por estos días, se descubrió en el laboratorio de China el SARS-CoV-2, virus que marcó de manera inesperada y dramática el año gregoriano del 2020.

Ocioso buscar lo bueno, lo malo y lo feo que este año, en otro evento, que no sea la aparición, expansión y contención del COVID-19.

Lo feo: hasta el día de ayer el registro mundial marcaba 78 millones de casos y oficialmente más de un millón 700 mil personas muertas.

En todas partes se habla de sobre registros y de exceso de mortandad, es decir, de muertes que podría ser por COVID-19, pero de la cual, no existe certeza de muerte colateral por falta de camas o respiratorios o atención oportuna para personas enfermas de otros padecimientos, ya que el sistema de salud pública de la mayoría de los países está concentrado en atender esta dolorosa pandemia.

Lo más feo: los decesos directos del COVID-19, pero también, fueron sus secuelas económicas, sociales, políticas, sanitarias, la economía mundial retrocedió a niveles no vistos desde el siglo pasado en tiempos de la gran depresión o producto de las guerras mundiales.

El rango de caída de la economía mundial será entre el 4 y el 8% a la par que la violencia intrafamiliar, los feminicidios y los suicidios han aumentado conforme se prolonga la confinación o el confinamiento. Para el colmo de males, a unos días de anunciarse la distribución de las primeras vacunas contra el COVID-19, Reino Unido anuncia un rebrote a partir de una nueva cepa más agresiva y más contagiosa.

Feo y odioso a la vez es que el coronavirus se haya comportado como un acelerador de las desigualdades y vulnerabilidades de una sociedad enferma de individualismo discriminación y falta de humanismo.

El virus se ensañó con la población más pobre con las personas adultas mayores y olvidadas y con quiénes son más débiles inmunológicamente hablando y económicamente también.

Lo malo: que aún no se aprende la lección de esta pandemia. COVID-19 nos ha revelado lo enfermo que está el planeta tierra, enfermo por la contaminación de sus aguas, de sus suelos, de su aire enfermo por el calentamiento global que está acabando con las barreras naturales que antes se encargaban de contener los virus endémicos, las selvas, los manglares, los bosques, los ríos, los lagos y otros grandes sectores naturales.

La politización de la pandemia es otro de los saldos negativos en todas partes. Las autoridades sanitarias han sido sometidas al desgaste de la grilla electoral, desde la solicitud de renuncias, hasta juicios penales contra profesionales de la medicina y de la ciencia por parte de la clase política y partidista. El parlamento fue convertido en paredón de juicios sumarios contra los zares anti COVID-19.

En esta perspectiva debemos ubicar también a los gobiernos locales que exigen administrar la aplicación de la vacuna y que no queremos que se repitan hechos cuestionables en donde perdieron la vida niños que padecían cáncer, a quienes se les suministraba agua destilada en lugar de las ampolletas profesionales y científicas contra la enfermedad.

Lo bueno: la comunidad científica internacional que logró generar la vacuna en un tiempo récord.

La población civil que siguió las indicaciones de seguridad sanitaria para evitar la propagación de la enfermedad, las heroínas y los héroes de batas blancas, el personal médico y las enfermeras, camilleros y todos, que a pesar del agotamiento y las carencias hospitalarias han dado lo mejor de sí para enfrentar a un enemigo desconocido, pero desafiante y feroz; esto no es sólo lo bueno del 2020, si no, lo mejor que debemos cultivar en la próxima década para renovar de raíz el sistema de Salud pública en México.