Grupo Parlamentario MORENA, LXV Legislatura

Médicos, migrantes y Covid-19

Para Mónico, campesino y bracero.

La aparición del virus SRAS-CoV-2, no sólo ha sido causa de enfermedad y muerte, desolación y afectación económica. También por fortuna, se han hecho presentes la solidaridad y fraternidad, la reflexión y cambios en las conductas de los seres humanos.

En todo el territorio mexicano hay miles de manifestaciones de un apoyo desinteresado: vecinos ayudando a madres con hijos pequeños, ancianos y enfermos. Representantes sindicales acudiendo a los hospitales por el medicamento de sus compañeros, comedores comunitarios anunciándose en redes y cientos más, nuestro querido Durango, no se ha quedado atrás.

Entre tantos héroes, se encuentran los médicos y médicas. Ciudadanos y ciudadanas que están realizando jornadas extenuantes han dejado a sus familias, los agreden físicamente y además mal pagados. Cuán diferente sería si los responsables de la salud en nuestro país de los últimos cinco sexenios hubieran atendido las voces que exigían valorar el trabajo de quienes estaban pendientes de la salud de una población, que además de aumentar rápidamente en número, sus necesidades eran cada día mucho más profundas.

Históricamente el trabajo del médico ha estado condicionado a corrientes filosóficas diversas y ha sido subestimado en varias ocasiones. El movimiento médico en México de 1964-1965 fue un movimiento social promovido por médicos de las instituciones públicas de salud en demanda de mejoras salariales y en las condiciones de trabajo. Ya se imaginarán en qué forma aplastaron las aspiraciones de justicia del gremio Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de Salud, el poblano Rafael Moreno Valle.

Otro grupo de héroes de antes y de hoy son nuestros migrantes; como antecesores de ellos fueron los mexicanos que participaron en el llamado Programa Bracero (trabajaban con sus brazos). Este programa fue un acuerdo temporal en la década de los 40s entre México y Estados Unidos, fue promovido inicialmente por la demanda de mano de obra durante la Segunda Guerra Mundial.

Muy solicitada la fuerza física de los mexicanos en ese entonces, era buena y barata. Los ocupaban en los ingenios azucareros, campos agrícolas y el sistema ferroviario. Para 1945 se contabilizaban alrededor de 125 mil, el programa sobrevivió hasta 1964, cuando ambos gobiernos lo finalizaron en respuesta a duras críticas sociales por el abuso extremo de los derechos humanos de los trabajadores.

Fueron las remesas, recurso económico producto del trabajo de los braceros, los que levantaron el campo mexicano, dieron alimento a miles de familias y escuela a las generaciones que construyeron el México moderno; hoy es igual que entonces. Las remesas en nuestro país, aumentaron considerablemente en marzo a pesar del brote de Covid-19, tanto en mayor número de envíos como en la cantidad promedio. El dinero sumó 4,016.12 millones de dólares (Banxico), recurso que ha sostenido en parte la economía del país en la contingencia sanitaria.

La Covid-19 nos tomó desprevenidos, reitero, nos hubiera ido mejor con otros gobiernos, con otro sistema social que se ocupara correctamente del Sistema de Salud Mexicano. Afortunadamente pueblo y gobierno han sacado la casta y saldremos adelante. Nos quedaremos con una deuda muy grande con quienes lo han dado todo sin pedir nada: personal de salud, migrantes, policías, recolectores de basura, militares, choferes, proveedores de alimentos, campesinos y muchos más, todos héroes anónimos. Tal vez no será posible poner sus nombres en un memorial, pero su esfuerzo debe ser compensado construyendo un país mejor para que los hijos de ellos tengan justicia, libertad y sobre todo garantías de vivir en un México más humano.

Opinión por la Senadora Margarita Valdez.